PRACTICA DEL MOVIMIENTO ORGÁNICO CONCENTRACIÓN, PERCEPCIÓN Y CONSCIENCIA


PRACTICA DEL MOVIMIENTO ORGÁNICO
 CONCENTRACIÓN, PERCEPCIÓN Y CONSCIENCIA
Joaquín Benito Vallejo

Antes de emprender la realización de los ejercicios, permanezcamos unos minutos inmóviles, concentrados y atentos, sintiendo el conjunto de nuestro cuerpo.
(Algunos ejemplos de cómo debemos llevar a cabo esta concentración y qué es lo que tenemos que observar vienen expuestos a continuación)
Estas experiencias  nos ayudarán a conocernos por dentro. Debiéramos realizarlas a menudo en distintos momentos del día: cuando tenemos una preocupación o malestar; cuando estamos cansados; cuando necesitamos cambiar de actividad; cuando queremos pensar en nosotros. Tienen el significado especial de estar dedicados a nosotros mismos, a mirarnos por dentro, a sentirnos. Estamos acostumbrados a sentirnos sólo en el dolor. Quizá ese dolor sea únicamente una llamada de atención que nuestro cuerpo nos pide para que no nos olvidemos de él y le mostremos un poco de cariño. Nuestro cuerpo es la encarnación de nuestro ser. Cuando un amigo nos pide que le escuchemos, él se tranquiliza. Cuando de verdad escuchamos a nuestro cuerpo, nuestro ser se tranquiliza. Incluso aunque no le comprendamos.
Pero sentir no es solo dolor, sentir, también es placer, debe ser placer. Sentir también es emocionarse, aunque no siempre la emoción sea placentera. Pero esa emoción que sentimos y que expresamos nos libera. Si la atención es muy profunda, la relajación consiguiente también lo es. En la medida en que aprendemos a conducir la atención, la percepción se va ampliando, construyendo una imagen de nosotros mismos más clara. Comprendiendo mejor las manifestaciones corporales y el estado de nuestros músculos, mejor podremos soltar las tensiones o las resistencias. Nos haremos más sensibles, receptivos y conscientes. Con la distensión, el movimiento fluye más libremente por el cuerpo y sus efectos son más profundos y gratificantes.
Pero estos estados de introspección no son fáciles para mucha gente por diversas razones. En estos casos es preferible aprender a sentir el cuerpo a través del movimiento y posteriormente concentrarse en sentirlo en la inmovilidad, que es la forma como podemos acabar la sesión, para quedarnos con una sensación unitaria del propio cuerpo.


La inmovilidad

La inmovilidad también puede ser difícil de soportar. Se nos ha educado para estar siempre ocupados, entretenidos, evadiéndonos de tenernos y de ser nosotros mismos, dispersos en acciones repetitivas y mecánicas. Estas acciones nos vuelven más insensibles. Pueden ser mecanismos de defensa ante el dolor y lo desconocido. Es innato y lógico el temor, pero la sociedad y la educación lo fomentan. Por temor a sufrir, sacrificamos el placer, perdemos sensibilidad y consciencia, somos menos nosotros mismos, menos libres. Hoy la sociedad ha aprendido muchos recursos para tenernos ocupados hasta la saturación.
Quedarse inmóvil puede significar enfrentarse a la existencia, al vacío, a la realidad. Puede por ello despertar angustia, pero es también una forma de vencerla. Pueden asaltarnos sensaciones, percepciones e imágenes desconocidas e incontroladas que nos asustan. Pero cuando las vencemos, descubrimos que nos proporcionan un profundo bienestar y relajación. Enfrentarnos a ellas y aceptarlas nos permitirá, al menos, ser más sinceros con nosotros mismos. Conocer lo que somos y la realidad en que estamos es la base para poder transformarnos, lo cual nos exige ser más responsables de nuestra propia vida y de la realidad que nos rodea.
Quedarse inmóvil no significa permanecer rígido como una tabla, realizando una fuerza interna para impedir moverse. Todo lo contrario. Mantenerse inmóvil en el suelo significa soltar todas las tensiones, aflojarse y abandonarse a la ley de la gravedad. Para ello, nuestra mente tiene que llegar a descubrir dónde se hallan escondidas las tensiones y quizá también, qué significado tienen.
Relajarse o quedarse inmóvil, no significa para nosotros, quedarse vacíos con la mente en blanco, ni tampoco dormirse. Significa desactivar la tensión corporal, para poder utilizar toda la energía en sentir y percibir. Los procesos sensoriales y cognitivos no pueden llevarse a cabo cuando se está desarrollando una actividad corporal que exige un esfuerzo, a no ser que haya adquirido un cierto grado de automatización. Las emociones y preocupaciones acaparan también toda la tensión y bloquean la actividad sensorial. En la medida en que nuestro cuerpo se libera de tensión nuestra mente se abre aún más. Una cierta pasividad es necesaria en unas partes del cuerpo para que en otras haya una actividad precisa. La quietud y la pasividad corporal son los prerrequisitos, en este caso, para abrirnos a las sensaciones y hacerlas conscientes.
Abandonarse, soltarse, aflojarse, significa dejar que la naturaleza o los demás hagan lo que quieran con nosotros. La actitud tensional se elabora como un mecanismo defensivo ante las posibles agresiones de los demás, o ante pulsiones y emociones incontroladas de uno mismo. Suele ser una actitud elaborada en la infancia  y enquistada. Cuando nos sentimos agredidos, nuestros músculos se contraen y esa actitud puede hacerse crónica. Aflojarse, puede suscitar el miedo inconsciente de  quedar indefenso ante las fuerzas naturales, ante el entorno y ante los demás.

Percepción y consciencia.

Aprender a sentir y  conocer el cuerpo en todas sus manifestaciones, en la inmovilidad y en el movimiento, es el camino para llegar a tener el grado de tensión justa en cada momento o situación y aprender a utilizarla.
En cada postura y en cada movimiento hemos de desarrollar la percepción y la consciencia de la imagen del conjunto del cuerpo. Cuanta más atención se ponga en captar las informaciones sensoriales,  más fino y armónico se irá haciendo el movimiento.
La toma de consciencia del cuerpo es un proceso continuo e interminable, que vamos a tratar de mostrar a continuación con un cierto orden, para que cada uno pueda desarrollarlo en el trabajo corporal. En síntesis, se trata de sentir, percibir y conocer lo que está ocurriendo en cada una de las partes del cuerpo y en su conjunto, en cada momento y situación, en relación con el suelo,  el espacio, los objetos y los demás.

·         Tratar de mantener presentes en nuestra mente todas y cada una de las partes del cuerpo, concentrando la atención en sentir su posición, tamaño, forma o volumen; Sentir la relación espacial que hay entre ellas; la estructura ósea, el tejido muscular, la piel;  las funciones internas como la respiración y la circulación.
·         Percibir y tomar consciencia de la relación  que tiene el cuerpo con el suelo, precisando cuáles y cómo son sus apoyos. En el caso en que estemos sentados, apoyados contra la pared, o con un objeto, sentir cómo son esos contactos.
·         Captar la sensación que tenemos del espacio que nos envuelve y las relaciones que mantenemos con él y con las personas que en él están presentes, de manera que tras la observación de esos puntos, permanezca siempre presente la consciencia de esa realidad unitaria formada por el cuerpo, el suelo y el espacio.

Se puede realizar ese análisis partiendo de la posición más cómoda y sencilla, yendo progresivamente hacia otras posturas de mayor dificultad, empezando por observar un aspecto concreto y poco a poco,  ampliar la observación hasta ser capaces de captar el todo.
En las posturas en las que no se puede abandonar completamente el peso del cuerpo, abordaremos un cuarto objetivo:
·         Observar: qué músculos, tendones y articulaciones hay que mantener en tensión y cuáles pueden permanecer distendidos. dónde recae el protagonismo de esa tensión. cómo se reparte y gradúa el tono. Dónde recae el peso del cuerpo. Qué papel desempeñan en el logro del equilibrio los pies, piernas, pelvis, columna, brazos, cabeza...
·         El último análisis debe llevarse a cabo mientras transcurre el movimiento: se trata de percibir y ser conscientes de cómo se modifica la relación del cuerpo con el suelo y el espacio, a través del movimiento. ¿Cómo se modifican los apoyos del cuerpo con el suelo?, ¿Dónde va recayendo el peso del cuerpo?, ¿Cuál es el juego de músculos y articulaciones para el mantenimiento del equilibrio y la realización del movimiento?, ¿Cómo se distribuye la tensión muscular?, ¿Qué partes  quedan relajadas?, ¿Cómo se transforma la figura corporal respecto a sus volúmenes y formas?, ¿Cuál es la sensación que produce la modificación del espacio?... Y a la vez, desarrollar la capacidad de ejecutar el movimiento propuesto, sin titubeos, sin rupturas, sin desequilibrios, sin movimientos parásitos innecesarios, de manera clara, limpia, con fluidez y soltura.
La percepción de los aspectos enumerados obliga a mantener un recorrido mental por el conjunto del cuerpo. El cometido es sumamente difícil. No debemos tomárnoslo demasiado estricto. A veces ocurre que una excesiva atención junto con el empeño de hacerlo todo perfecto, nos desvía más que nos acerca a los objetivos. El primer objetivo es disfrutar del movimiento, sentirlo, de una manera relajada, después desarrollar la percepción para conocer el funcionamiento de nuestro cuerpo y permitirle con ello que su comportamiento sea natural. El excesivo perfeccionismo acarrea más tensión e impide la manifestación natural. Si queremos que nuestro cuerpo sea flexible, nuestra mente también debe serlo. Intentemos llegar a adquirir una sensación más o menos clara, pero sobre todo, global y unitaria del conjunto del cuerpo. Con la experiencia continua nuestra percepción se irá agudizando, los ajustes neuromotores se harán más precisos y la consciencia más profunda y pormenorizada.


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