jueves, 21 de noviembre de 2013

EL MOVIMIENTO COMO FUENTE DE SALUD


EL MOVIMIENTO COMO FUENTE DE SALUD

Joaquín Benito Vallejo
Libros: Cuerpo en armonía / Cuerpo, mente y comunicación
 
 


LA CORRECTA UTILIZACIÓN DEL CUERPO Y DEL MOVIMIENTO.

OBJETIVOS ESPECIFICOS


Disminución de la tensión

Todas las personas en general, jóvenes y viejas, mantienen en su cuerpo una tensión mayor de la que se necesita para desarrollar las funciones vitales y desempeñar las actividades cotidianas.

Por otra parte, tampoco se conceden periodos de descanso proporcionales al tiempo y a la intensidad del trabajo, ni se realizan otras actividades más ociosas, -deporte, gimnasia, etc.- que ayuden a compensar el desequilibrio corporal que la actividad laboral provoca.

Estos aspectos constituyen los factores fundamentales de lo que denomino: una mala utilización del cuerpo, que trae consigo diversos trastornos anatómicos y orgánicos achacados erróneamente a la vejez.

El exceso de tensión contrae los músculos y agarrota las articulaciones, produciendo a muy corto plazo, una rigidez generalizada, que se irá agravando progresivamente, provocando la pérdida de flexibilidad y aumentando la dificultad para moverse.

El conjunto del cuerpo parecerá un bloque compacto que ha perdido la facultad de utilizar aisladamente los diferentes segmentos corporales y la capacidad de realizar movimientos finos que exigen una cierta precisión y coordinación.

El cuerpo rígido supone una carga mayor, como si su peso fuera superior al real y necesita mayor fuerza para desplazarlo, lo que conduce a sufrir mayor cansancio y fatiga.

A largo plazo producirá un desgaste generalizado y un envejecimiento prematuro. Por un lado, tanto la estructura ósea como las articulaciones soportan una presión superior a su potencia, sufriendo por ello, desviaciones, artrosis y otras patologías. Por otro lado, el corazón, los pulmones y los demás
órganos también han de realizar un esfuerzo mayor para llevar a cabo sus funciones vitales relacionadas con el movimiento.

¿Qué podemos hacer para regular y rebajar la tensión además de aliviar o resolver los trastornos enumerados?

En primer lugar, utilizar la concentración y la relajación propuestas en el capítulo II, con el objetivo, primero, de tomar consciencia de la acumulación de las tensiones y, segundo, para ayudar a diluirlas ablandando progresivamente todo el cuerpo.

En segundo lugar, al realizar un movimiento e incluso en el mantenimiento de la postura, hemos de poner en práctica una serie de principios:

- Todo movimiento debe ser realizado con la mayor suavidad y delicadeza, empleando la menor tensión posible y esmerándose para conseguir que la tensión sea cada vez menor. Es lo que llamamos afinar el tono.

- La tensión ha de localizarse en la zona protagonista del movimiento dejando el resto del cuerpo lo más relajado posible.

- En todo movimiento han de verificarse dos fases claras y diferenciadas: una en la que se realiza la fuerza; otra, en la que los músculos activados se distienden. Esta fase de descanso debe ser incluso de mayor duración que la dedicada al trabajo. De esta manera la relajación forma parte de la acción, es su complementaria y su compensación.
 

 Flexibilización de articulaciones, estiramientos y equilibrio muscular.

Aún utilizando la tensión correcta, la mayor parte de las tareas cotidianas laborales se basan en la flexión de los músculos y el cierre de las articulaciones, por lo que, progresivamente, van quedando acortados los primeros, bloqueadas las segundas y desalineados los huesos. Con las flexiones todo el cuerpo en general tiende a encogerse y doblarse, aumentando la rigidez, perdiendo amplitud en los movimientos y autonomía personal, ya que resultará más difícil llegar a todas las partes del cuerpo y desenvolvernos en las tareas cotidianas.
Vamos pues a dedicar una atención especial a compensar estos acortamientos y perturbaciones, no aumentándolos con un mal planteamiento del ejercicio, por carencia de programa o por el afán compulsivo de hacer gimnasia, dicho de otro modo, no se trata de hacer ejercicio sin más, mecánicamente, sino de hacerlo bien. Para hacerlo mal es mejor no hacerlo.


Es fundamental abrir, flexibilizar y desbloquear todas las articulaciones, alargar los músculos y alinear los huesos. Aumentar la amplitud del movimiento significa también aumentar la autonomía y por lo tanto, la autoestima personal y el estado de ánimo. Los estiramientos regulan la tensión y son revitalizadores. El sedentarismo, esto es, mantenerse inmóviles sin hacer nada o poco, así como realizar siempre los mismos movimientos rutinarios, va mermando las posibilidades que tiene nuestro cuerpo de moverse. Si el cuerpo no se mantiene activo se atrofia, los músculos y las articulaciones se
anquilosan y se oxidan.

La rutina, por otra parte, tiene efectos similares, puesto que los movimientos son siempre escasos, poco variados y mecánicos, no aportando nuevas informaciones a las células cerebrales, por lo que también éstas van atrofiándose y deteriorándose. La rutina se convierte en hábitos de
movimiento de mera subsistencia y supervivencia.



Aumento de la movilidad, diversificación de los movimientos.

Para que las articulaciones se mantengan flexibles y los músculos elásticos, hay que realizar movimientos variados, explorando todas sus posibilidades de acción. No hay que limitarse a realizar diariamente la misma tabla de ejercicios, igual que no aplicamos siempre la misma receta con los mismos ingredientes, cocinada igual y comiendo siempre el mismo plato. En la alimentación tratamos
de variar los ingredientes de una receta, probar nuevos condimentos y salsas, guisar de otra manera.
Eso hace que los platos sean más apetecibles, que los saboreemos mejor, que lo disfrutemos más.
La realización del movimiento debe ser similar. Un estiramiento, aunque esté bien hecho, repetido siempre igual flexibiliza sólo en una dirección y no desarrolla todas las posibilidades de la articulación. Hemos de buscar todas las variaciones posibles, respecto a las trayectorias en el espacio, el ritmo y los matices de tensión, para que las articulaciones adquieran su máximo juego de fuerza y flexibilidad, desarrollen mayores recursos de adaptación, las neuronas se sienten estimuladas y se disfrute más del movimiento.



Posturas y movimientos correctos.

El cuerpo, ya esté inmóvil o moviéndose, siempre mantiene una posición: de pie, sentado, echado, etc. Cualquier postura debe ser la correcta, para que el conjunto del cuerpo se mantenga equilibrado sufriendo la menor presión, fatiga y desgaste.
Por otra parte, el cuerpo y sus órganos se alinean en torno a un eje vertical cuya viga maestra es la columna vertebral. En esa verticalidad reside su equilibrio y la optimización de sus funciones. Si permanecemos mucho tiempo sentados o de pie, fuera de la verticalidad, el conjunto del cuerpo se
desequilibra, provocándose con el tiempo, desviaciones de columna como lordosis, cifosis, o escoliosis; artrosis en las articulaciones; tensiones o dolores musculares diversos, dificultándose el funcionamiento natural de los órganos al ser comprimidos o por falta de activación. Por ejemplo, con la cifosis (chepa) el pecho queda comprimido y por lo tanto los órganos contenidos en él -pulmones y corazón-, dificultando la respiración y la circulación.
En la lordosis lumbar (hundimiento excesivo de las vértebras lumbares) la tripa queda caída dificultando las funciones digestivas y excretoras. El desequilibrio afecta también al tono corporal. Unos músculos tienen una excesiva tensión puesto que ejercen funciones que no les corresponde, mientras que otros están lasos, faltos de capacidad, por no ejercer su actividad correspondiente.
Antes de realizar un movimiento hemos de mantener la postura correcta, por el contrario, el movimiento en lugar de reportar un beneficio puede causar un perjuicio mayor.
 
Salud de la columna.
 
El centro de la postura y del movimiento es la pelvis. En esta zona están situados los músculos, las articulaciones y los huesos más grandes y esenciales.
Desde la pelvis, el movimiento se transmite a la columna, articulaciones de hombros y omóplatos, cuello y cabeza y hacia el extremo inferior a las articulaciones de las piernas.
 
El movimiento de la pelvis, correctamente realizado y diversificado, activa, riega, desbloquea y equilibra vértebra a vértebra toda la columna. Potencia la musculatura abdominal y relaja la zona lumbar que suele estar excesivamente contraída y tensa, aliviando y resolviendo los problemas más acuciantes y comunes como los lumbagos y las ciáticas. El movimiento desde la pelvis, conduce a un movimiento global del cuerpo en el que se ponen en sincronía las distintas coordinaciones armónicas del conjunto de las partes del cuerpo con el menor desgaste de energía de las articulaciones más finas y periféricas.
Mejora del funcionamiento de los órganos.
 
Resguardados por la pelvis, columna y tórax, se encuentran los órganos y vísceras del cuerpo Luego, el buen emplazamiento de los primeros, equilibra y favorece a los segundos. Por otro lado, los
movimientos diversificadas de la pelvis activan, movilizan y masajean los órganos, regulando y mejorando sus funciones.
Como ya hemos apuntado, la tensión justa, las posturas correctas y los movimientos variados y equilibrados, optimizan el funcionamiento de todos los órganos. El movimiento es la actividad principal que ejerce el cuerpo. Todos los órganos funcionan en relación con esa actividad. Ellos producen y distribuyen la energía que el movimiento necesita y expulsan las sustancias tóxicas e innecesarias. Si no hay actividad los órganos no tienen razón de ser, se deterioran, se anquilosan, se atrofian. No se puede concebir un cuerpo vivo sin actividad, estar vivo significa estar activo. El movimiento fortalece los tejidos musculares, fija el calcio en los huesos, regula el colesterol y los azucares, potencia el corazón y los pulmones, estimula la digestión y el metabolismo. Más sano, aún, que una alimentación adecuada, es practicar diariamente el ejercicio necesario en cuanto a cantidad y calidad. En la medida que se reduce la movilidad por debajo de lo necesario, el cuerpo se deteriora y enferma.
EJERCICIOS
 
Es recomendable hacer los ejercicios siguiendo las pautas expuestas en el capítulo anterior con
el objetivo de sentir el cuerpo y estimular la actividad de las neuronas. Hagamos los ejercicios muy
lentamente poniendo toda la atención en sentir las zonas que se movilizan; la actividad que realizan las articulaciones, los músculos y los huesos; cómo se modula la tensión; Observemos a la vez el conjunto del cuerpo: qué zonas pueden quedar relajadas; cómo se transmite el movimiento desde su origen a otras zonas...

 
 

 






 

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