sábado, 26 de abril de 2014

La contracción como metáfora.


La contracción como metáfora.
Joaquín Benito Vallejo

Todo el cuerpo está lleno de energía. La energía que se necesita y utiliza para la acción.

Todo el cuerpo está inmerso de músculos. Se pueden localizar aisladamente y entrelazados unos con otros formando un tapiz corporal. Se encuentran internamente tejiendo las vísceras y externamente envolviendo los huesos.

Una acción básica muscular y corporal es la contracción. Mediante ella la energía queda concentrada, en un grupo muscular o en todo el cuerpo. Pero la contracción es –debe ser- una parte o fase de la acción completa. La contracción debe ser la preparación para la acción o el movimiento, donde la segunda fase lógica es la expulsión de esa energía concentrada, convirtiéndose en acción o movimiento.

Pero a veces, muchas veces, no ocurre así. La energía se queda anclada en las vísceras, en los músculos, en todo el cuerpo, sin convertirse en acción. Suele suceder por inhibición o represión de emociones diversas, por no expresarse estas. La energía queda entonces reprimida, inexpresada, estancada.

Contracción como retención, como inhibición. Contraerse para no actuar, para no moverse. Para no ser. Reprimir el impulso vital. Por miedo, por castigo, por norma.

En estos casos la contracción corporal se convierte en una metáfora. Es una metáfora –real- del sufrimiento y del dolor.

La contracción así es una retención. La energía retenida acabará quemando, dañando, el cuerpo –y el alma-.

Puede ser y significar una defensa, un acorazamiento. Puede ser un encierro, es un bloqueo, una energía apresada, estancada. Una vitalidad que se vuelve opaca, hermética, impermeable, que no respira. Una expresión congelada. Cerrados para dar y para recibir. Cuerpos endurecidos como piedras para no sentir, para no sufrir. Crispados, cristalizados, vidriosos, sumamente frágiles, que se harán mil pedazos al chocarse, al caerse.

Su energía vital no fluye, ha quedado empantanada, apresada. Cuando el muro se rompa causará estragos. La rotura a su vez puede ser, -es- una liberación. Una liberación agreste, agresiva, de donde puede nacer un cauce, un fluir, un camino hacia apropiación del ser, hacia la creatividad, hacia la liberación.

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