viernes, 28 de marzo de 2014

LA VERTICALIDAD


LA VERTICALIDAD
Joaquín Benito Vallejo

En la postura erguida, -la que caracteriza a los humanos y en la que realizamos la mayor parte de nuestra actividad-, la verticalidad es una de las leyes físicas que ha de cumplir el cuerpo.

Imaginemos el cuerpo como un edificio.

La verticalidad define el mínimo de fuerzas ajustándose a la ley de la gravedad que tira de nosotros desde el centro de la tierra. / Economía de energía / Armonía y equilibrio corporal / Regulación de fuerzas, donde todas las piezas se interrelacionan unas con otras sin esfuerzo. Donde unos músculos están más o menos activos para que otros se mantengan mas o menos pasivos.

Sintamos y establezcamos la verticalidad desde los pies a la cabeza.

¿Es fácil? ¿Difícil? Eso va a definir nuestra armonía o desarmonía. Nuestro desequilibrio de fuerzas. Nuestras tensiones y dolores que esos desequilibrios acarrean.

El centro del edificio es la pelvis. Desde ella salen dos pilares que nos arraigan en el suelo-tierra. Y  desde ella se levanta una columna - torre, con 2 “pasillos” hacia el espacio.

La columna-torre está insertada en la pelvis, especie de cajón-cimiento. La columna, suavemente ondulada respecto a un  eje vertical

Los pilares, la columna y las vigas del edificio, que definen la estructura corporal son los huesos. Unidos estos por los músculos, ligamentos móviles, atirantados como cables. Para que la tienda se mantenga bien montada y no la derrumbe el viento, unos cables han de tirar en una dirección y otros en la opuesta. En caso contrario, el edificio, la tienda, el cuerpo, están torcidos, desequilibrados, haciendo miles de fuerzas para poder mantenerse en pie. Generando tensiones –dolores- en las áreas más expuestas como la zona lumbar.

 

Pero, además, las diferentes piezas del edificio corporal son móviles. Imaginaos un edificio, con sus pisos, terrazas y azoteas que se mueven por el espacio. ¡Qué maravilla!

Pero, hay más, mucho más, además el edificio camina. Va de calle en calle de ciudad en ciudad… Puede cambiar de lugar constantemente, y a la vez que camina, puede ir moviendo sus diferentes pisos, pasillos y azoteas, por diferentes lugares del espacio y lo puede hacer más rápido o más lento y, y, y, baila y danza. ¡Un edificio que baila! Un edificio vivo.

 

Antes de bailar y caminar, volvamos al edificio estático, a la postura corporal erguida, porque esta es otra, el edificio puede estar estático pero en diferentes posiciones respecto al suelo, con diferentes apoyos, se puede poner horizontal, unas partes horizontales, otras inclinadas, dobladas otras más y otras verticales…

 

¿Podemos mantener el cuerpo relajado en su conjunto sin desmadejarse ni caerse? ¿Cómo se gradúa esa energía? ¿Cómo podemos saber si el cuerpo está disponible, alerta, tranquilo,  equilibrado?

 

¿Cómo se encuadran en la verticalidad las diferentes piezas interrelacionadas unas con otras, guardando una complementación?

Sintamos los apoyos. ¿En qué zona o zonas recae el peso del cuerpo? ¿Qué ocurre cuando el peso recae en una zona u otra? ¿Cómo repercute esto en la estructura corporal, en las diferentes partes del cuerpo?

 

Vayamos a la parte central del edificio corporal: la pelvis. ¿Está centrada en el eje vertical? ¿Cómo la colocamos?

 

Y desde ella, la columna ¿cómo se yergue la torre hasta la azotea? ¿Disfruta de suaves ondulaciones? ¿O sufre sus exageradas curvaturas? ¿Zona lumbar demasiado hundida y por lo tanto contraída? ¿Zona dorsal demasiado saliente cargada y pesada?  ¿Cómo las podemos recolocar, alinear, suavizar, enderezar?  

 

¡Cuántas piezas hay que colocar! Desde los pies a la cabeza, unas proyectándose hacia el centro de la tierra enraizándose en ella, otras proyectándose hacia el cielo elevándose en contra de la gravedad, venciéndola, siguiendo la verticalidad!

viernes, 21 de marzo de 2014

PÉNDULOS DE BRAZOS


PÉNDULOS DE BRAZOS
Joaquín Benito Vallejo

 
  • Llamamos péndulos a los movimientos de balanceo. Los más característicos son los de los brazos. ( Por poner un símil, lo más parecido puede ser el movimiento del columpio, donde se da un impulso para la subida y la inercia en la caída) Pueden realizarse en diversas posiciones pero la más común, principal y clara es la posición erguida. Una vez realizados en esta posición pueden probarse otras.
  • Acciones físicas. Los péndulos propician mucha flexibilidad y soltura, así como amplitud, a la articulación, en el caso de los brazos a la triple  articulación: hombro-omóplato-clavícula, matriz del movimiento de los brazos. Y además relajan.
  • Actitud de comienzo. Para empezar, hemos de procurar dejar el brazo colgando relajado, suelto, similar a un cordón de algodón prendido del hombro, sin tensiones. Como el brazo tiene además otras articulaciones como el codo y la muñeca, el brazo no debe quedar estirado como un palo, sino que sus articulaciones permiten que el movimiento pendular se vea reflejado en ellas provocando ligeros pliegues y extensiones.
  • Planos. Los péndulos de brazos pueden realizarse en los diversos planos del movimiento así como en otras direcciones espaciales como diagonales visualizando los ángulos del prisma –cubo de Laban-. Plano sagital: adelante – atrás. Plano frontal: hacia los lados. Plano transversal: giros adelante atrás, izquierda derecha. En este último caso los péndulos pueden hacerse sin que se mantengan colgando, sino horizontales al suelo, pero la primera opción permite que se abra más la articulación. El movimiento en los diferentes planos posibilita aumentar el juego articular en todas sus posibilidades.
  • Coordinaciones. Los balanceos podemos, -debemos- hacerlos con ambos brazos, con y uno independientemente. Podemos llevar los 2 brazos iguales o en contramovimiento, es decir, un brazo en una dirección el otro en la contraria. En el plano sagital sería: un brazo adelante, el otro atrás. En el frontal ambos hacia afuera o hacia adentro. En el transversal sería similar al plano frontal pero nunca de arriba abajo.
  • Respiración. Generalmente, el movimiento pendular de los brazos hace que la respiración se sincronice con él. De modo natural, orgánico, en el plano sagital se inspira al lanzar los brazos adelante arriba y se espira al caer e ir atrás. En otros planos se puede inspirar al ir en una dirección y espirar en la otra.
  • Organicidad. Los péndulos supone un juego orgánico de tensiones y distensiones. La fase de tensión se produce en el impulso, mientras la distensión en la inercia de la caída.
  • Las repercusiones orgánicas –pasajes de energía- hacia otras partes del cuerpo, también están claras. En los impulsos siempre se tiende hacia el enderezamiento de columna –anteroversión pélvica-, mientras que en la caída se va hacia el encorvamiento –retroversión pélvica-. Hacia los apoyos con el suelo los pasajes pueden ir de talones a dedos en el plano sagital; de un pie a otro en los planos frontal y transversal. En cuanto a las rodillas pueden producirse flexiones o extensiones y cargas de peso alternativas en una u otra según los planos de movimiento.
  • Direcciones. Los impulsos pueden darse en una dirección o en otra. Lo natural es lanzar en la dirección más orgánica, que es por donde solemos empezar siempre, pero después puede hacerse en otra. En el plano sagital, el impulso natural es adelante arriba. Pero una vez vivenciado esto podemos dar los impulsos hacia atrás. Este modo desarrolla más la fuerza de la zona dorsal, omóplatos, romboides. Dentro del juego agonismo -  antagonismo muscular abre y estira más los pectorales. En el plano frontal el comienzo natural es dar el impulso hacia el lado contrario con la apertura del omóplato, sin embargo, al trabajar con un brazo solo y también con ambos en contramovimiento, podemos dar los impulsos hacia afuera, provocando también la fuerza dorsal y el estiramiento pectoral.
  • Ritmo. Los péndulos se someten también a un ritmo orgánico. Son en principio el ritmo natural del balanceo, del columpio o  del acunamiento, de 2, 3 o 4 tiempos.

 
Pongamos un ejemplo de movimiento pendular de los brazos en el plano sagital.

 

PREPARACIÓN

1)    Posición erguida – observación de la verticalidad del cuerpo –  piernas paralelas, pies a la misma distancia entre sí que las articulaciones de las caderas, es decir las ingles - apoyos con el suelo – repartición del peso – rodillas ligeramente flojas como muelles -pelvis “tendiendo” a la neutralidad, sin demasiada inclinación – cuello estirado, barbilla a cuatro dedos del pecho – brazos colgando sueltos…

2)    Sentir cómo se distribuye el peso del cuerpo a lo largo y ancho de los pies.

3)    Traslados de peso, (adelante – atrás); manteniendo el cuerpo como una línea recta que se inclina sin doblarse por la cintura ni por el cuello.

4)    Aflojamiento de rodillas-muelles, (subidas y bajadas suaves / manteniendo la pelvis neutra, recta, sin hundirse las lumbares.

5)    Levantar un brazo para sentir su peso, e intentar soltarlo desde arriba sin resistencias, soltando, relajando, percibiendo sus sacudidas y temblores orgánicos.

6)    Después de varias veces, observaremos las diferencias con el otro brazo. Primera toma de conciencia de las diferencias y de los efectos del movimiento: apertura de la articulación, activación sanguínea, relajación muscular, mejora de la imagen corporal, presencia…

7)    Sacudir tobillos.

8)    Como descarga mayor de las tensiones haremos ligeros rebotes de rodillas, y dejando que los rebotes se transmitan a hombros – brazos.

 

PÉNDULOS DE BRAZOS.

1)    Comencemos dejando el cuerpo relajado en la posición erguida…

2)    Observemos especialmente los brazos colgando sueltos desde la articulación, como cordones del algodón prendidos…

3)    Comenzamos a realizar un ligero balanceo. / Que los brazos vayan de adelante atrás sueltos y relajados ambos igual…

4)    Observamos que damos un pequeño impulso siempre igual hacia adelante arriba. La caída se produce por inercia sin que nosotros queramos…

5)    Vamos aumentando un poco la fuerza del impulso hasta que los brazos lleguen a la altura de la cabeza.

6)    Retengamos un momento los brazos arriba…

7)    Soltamos la fuerza comprobando que los brazos caen sueltos balanceándose libremente a los lados del cuerpo de adelante atrás, durante varias hasta que ellos solos se vayan parando…

8)    Demos de nuevo el impulso. Retengamos arriba durante unos segundos….  Dejémosles caer…

9)    (Observemos: una cosa es dejar caer – no hacer ninguna fuerza / otra bien distinta es tirar – hacer otra fuerza distinta, incluso mayor…) Conciencia del impulso y de la inercia.

10) ¿los brazos caen libremente, balanceándose, sacudiéndose ligeramente sus articulaciones…?

11) Sigamos con los impulsos llevando los brazos por encima de la cabeza hacia la vertical. Dejémosles caer observando que llegan atrás donde hay un tope sobre el que rebotan, momento que utilizamos para volverlos a impulsar de nuevo.

12) Observamos el ritmo natural, orgánico, de los brazos en sus impulsos y caído similar al columpio…

13) Observamos nuestra respiración cómo se acopla al movimiento de modo natural también… (El mantenimiento del ritmo y de la respiración sincronizada no cansa)

14) Dejemos que cuando los brazos se caen, las rodillas se aflojen también como hacíamos en el punto 4 de la preparación anterior. Al impulsar los brazos arriba las rodillas se estiran. Al caer se doblan.

15) Sincronicemos el rebote de las rodillas con los impulsos de los brazos… Coordinación en sincronía orgánica de brazos y piernas en el movimiento.

16) Sigamos observando: en la subida, la pelvis se inclina ligeramente hacia adelante / anteroversión / –las lumbares se hunden o arquean-. Mientras que en la caída la pelvis se inclina ligeramente hacia atrás / retroversión / -las lumbares se ensanchan-, pero no excesivamente.

17) Si estamos trabajando en grupo, estableceremos un ritmo grupal. Toma de conciencia como grupo.

18) Siguiendo con el ritmo, al caer los brazos, vamos a dejar que se balanceen abajo tres veces y a la cuarta los lanzamos a la vertical.  Con ello establecemos una medida, - estructura o compás- de 4 tiempos.

19) Cuando queramos podemos volver al ritmo del principio, o combinar.

20) En las caídas las manos pueden ir llegando más abajo hasta llegar al suelo. Desde ahí el impulso ha de ser mayor para llegar a la vertical. Pero es importante ahora que el impulso se dé desde la pelvis por retroversión –no hundir las lumbares en el impulso- y por el empuje delos pies contra el suelo y el rebote de rodillas.

21) Vayamos aflojando después tomándonos un descanso.

 
 

martes, 4 de marzo de 2014

El cuerpo en el Espacio


            El cuerpo en el Espacio.
Joaquín Benito Vallejo - "Cuerpo en armonía" -leyes naturales del movimiento- Ed. INDE.

                      El cuerpo está siempre inmerso en el espacio, ya sea en la inmovilidad o desplazándose por él. Es el primer medio físico, junto con la fuerza de la gravedad terrestre, del cual depende el ser humano, donde  toma el aire que respira y en el que se relaciona y comunica con los demás. El espacio humano es un espacio aéreo que ejerce un determinado grado de resistencia al movimiento, al cual ha de adaptarse la fuerza muscular de forma similar a como lo hace a la fuerza gravitatoria. Supone una resistencia concreta a vencer con nuestro movimiento, que determina sobre todo, el grado de tensión muscular, distinta a la empleada en el espacio líquido de una piscina. Sin espacio, igual que sin gravedad, nuestra tensión muscular no tendría razón de ser, ni tampoco nuestros músculos ni huesos. Se ha demostrado ya científicamente, que en condiciones de microgravedad, se produce atrofia muscular y descalcificación ósea.

Según nuestra exposición sobre la filogénesis, creemos que la estructura corporal es el resultado de los logros del movimiento por alcanzar la forma óptima de desenvolverse en el espacio. El movimiento humano ha conseguido adueñarse de todo un espacio tridimensional: con su mirada logra ver todo el espacio a su alrededor prácticamente sólo con el movimiento de la cabeza; con sus brazos y manos llega a todos los puntos y direcciones de su entorno próximo; con sus piernas se desplaza por el espacio terrestre, casi sin límites.

            La conquista de ese espacio se relaciona con el desarrollo de la personalidad y del conocimiento. Adquiere un significado afectivo y una estructuración cognoscitiva.

            El cuerpo humano tiene una estructura simétrica bilateral, como todos los animales vertebrados. Pero se considera distinto a ellos porque en su lucha por una mejor adaptación a la tierra y al espacio aéreo, su cuerpo se ha verticalizado. Esa simetría vertical es la referencia del equilibrio corporal supremo. El mismo cuerpo ocupa un espacio propio en la inmovilidad. Las diferentes partes del cuerpo tienen una estructuración espacial conformando una unidad. Se da una interrelación espacial entre el conjunto de las partes, distribuidas en un espacio tridimensional respondiendo a ejes y planos, formas y volúmenes. La misma configuración ósea y muscular así como sus diversas acciones responden a una compleja estructuración espacial. Cada articulación y segmento corporal mantienen un tipo de unión entre sí que delimitan y conforman su movimiento y por lo tanto, su trayectoria en el espacio. La salud de esas articulaciones, su flexibilidad o su rigidez condicionan también la espacialidad del movimiento, propiciándole un espacio más amplio o restringiéndole a un espacio más pobre.

El espacio próximo que rodea nuestro cuerpo, por el cual se pueden mover nuestros brazos, piernas o columna, sin desplazarse, lo denominamos kinesfera. Es un espacio íntimo, personal, propio, un espacio de seguridad que forma parte de nuestro ser, sin el cual nos sentimos oprimidos o agredidos. Es el espacio donde tienen lugar los intercambios con los otros, las relaciones y la comunicación. Aceptar al otro en nuestro espacio, compartir la kinesfera, significa aceptarle.

Prácticamente, casi todos los movimientos describen una trayectoria curva en la  kinesfera, excepto algunos movimientos segmentarios y las acciones producidas por los estiramientos y empujes, que tienen una trayectoria recta. A estos últimos se les define como movimientos directos.

las rotaciones producen más bien, giros, ondulaciones, bucles: movimientos curvos; las flexiones y extensiones: arcos hacia adentro o hacia afuera. El movimiento  más simple y sus múltiples combinaciones, expresan dimensiones, volúmenes, formas, direcciones, trayectorias y diseños distintos en el espacio. Todos son el producto natural del diseño especial de la articulación, de los engranajes con los huesos y los músculos, de la zona donde nacen, así como del pasaje del movimiento, de la calidad del tono o del ritmo, pero a su vez, las múltiples variantes espaciales enriquecen y flexibilizan el juego articular y la expresión del movimiento.

            Cuando estos movimientos son muy amplios, y nos movemos en los confines y los límites de la esfera, nuestras articulaciones se abren al máximo y nuestros músculos se estiran. Nuestro espacio de movimiento se amplía, lo que nos proporciona una sensación de mayor libertad, de mayor potencialidad, de mayor autoestima y valoración. Si nuestras articulaciones están anquilosadas y nuestros músculos acortados, tenemos muy restringido el movimiento, nuestra kinesfera es más pequeña. Nos sentimos muy limitados, con menos dominio, con menos libertad.

            Una persona tímida hace gestos y movimientos pequeños, tiene una esfera reducida por temor e inseguridad. Un grandilocuente, por el contrario, realiza gestos amplios.

            También podemos ampliar nuestra kinesfera cuando proyectamos el movimiento lejos de nosotros. Un ejemplo concreto es el lanzamiento de  un objeto. Este es un símbolo de nuestra fuerza y potencialidad. Sin necesidad del objeto concreto, nuestros movimientos y gestos también pueden ser proyectados fuera de nosotros. Nuestra fuerza puede irradiar y ser también un símbolo de nuestro yo, un medio de establecer una comunicación, un contacto con el espacio lejano, un espacio para dar y recibir.

domingo, 2 de marzo de 2014

Consciencia corporal - Consciencia del espacio - consciencia de si mismo – consciencia del otro –


Consciencia corporal - Consciencia de sí mismo – consciencia del espacio - consciencia de los otros–
Joaquín Benito Vallejo

Palabras clave
Apoyos – forma  - volumen – tensión – colocación – temperatura – respiración – latido – espacio envolvente próximo anterior posterior - objetos – espacio de los otros – del otro – cuerpo del otro – tono – respiración –  ego – alter
Síntesis
La consciencia del propio cuerpo implica la consciencia del espacio, la de los otros cuerpos, otras personas que ocupan también el espacio.

                     La consciencia del propio cuerpo es limitada, muy limitada incluso. Siendo tan solo además, un aspecto de la consciencia de sí mismo. Esto último abarca un campo más amplio que el propio cuerpo, aunque no dejen de estar ligados a él: pensamientos, sentimientos, sensaciones, emociones…, contradicciones, conflictos… La consciencia de sí mismo y la consciencia corporal deberían ir ligadas pero a menudo no es así.

                     En cualquier caso, la consciencia corporal implica la consciencia del espacio,  y la consciencia de los otros. Porque nuestro cuerpo ocupa un espacio, y cuando se mueve y se desplaza, un espacio que también está ocupado por los otros, por lo tanto se necesita una mínima de consciencia del espacio que nos rodea y de las demás personas que viven y habitan ese espacio.

                     Hemos de ser conscientes de que nuestro cuerpo, nuestra psiquis, nuestra personalidad, nuestra supervivencia  meramente animal, pero más aún social depende del medio ambiente en que vivimos, un medio no solo físico, sino social y cultural creado y alimentado diariamente por las demás personas, que también viven en ese espacio y es compartido por ellos. Vivir significa compartir. No podemos vivir sin los demás.

                     La consciencia corporal se lleva acabo y se desarrolla mediante el movimiento y el tacto fundamentalmente.  El movimiento es la función más activadora de esa consciencia al transmitir el máximo de informaciones sobre la actividad corporal, muscular, articular, tendinosa, segmentaria, etc. Y también sobre el estado de ánimo y emocional, porque estos se reflejan en el cuerpo.  Cuerpo y movimiento son la materia y la acción donde se inscriben las emociones. Estar y sentirse pesado, tenso, inquieto, rayado, liviano, despistado, centrado, eufórico, altivo, arrogante, tímido, cabizbajo, sonámbulo…, son los reflejos de las emociones.

                     Y por otra parte, a través del movimiento tomamos consciencia del espacio, del espacio que ocupamos, del espacio en que nos movemos, del espacio que compartimos, -la kinesfera-, del espacio total en que nos movemos.

                     Mediante el movimiento se ejerce un continuo juego de tensiones musculares, a través de las cuales puede despertarse la consciencia no solo de la tensión, sino del volumen, de la temperatura, del espacio interno del cuerpo.

                    Nuestra limitada y relativa consciencia  debe situarse en el conjunto de nuestro cuerpo y en cada una de sus partes ejerciendo su función sobre todo en relación con el movimiento, nos referimos aquí. Durante el movimiento las partes activadas son todas, pero de manera diferente. Aunque siempre de manera interrelacionada. (Y todo lo que hacemos en la vida diaria es movimiento.)

                     Ser conscientes en cada momento del cuerpo en relación con el movimiento, es estar presentes en nuestro cuerpo, estar presentes en nuestro yo, en nuestro ser. En el aquí y en el ahora. En cada instante.

                     No estar en nuestro ser en cada instante, significa estar perdido, distraído, disperso. Es propio de las situaciones de estrés. O de enajenamiento y de alguna forma de alienación. El estar presente corporal y conscientemente, nos equilibra, nos tranquiliza, nos hace más disponibles hacia uno mismo, hacia los otros, y para la actividad.

                     Estar disponible es estar atento y receptivo hacia lo que uno mismo y los demás necesitan y desean. Estar disponible significa, tener la capacidad de darse. Darse a sí mismo y darse a los demás.

                     Estar presente, ser consciente, es sentir al cuerpo de modo global y unitario, a la vez que en cada una de sus partes en su función, -decíamos antes-.

                     Ser consciente a nivel global es sentir y percibir el cuerpo entero desde los pies a la cabeza, en su posición, en sus apoyos con el suelo, en su acción o movimiento, en su ocupación del espacio, en su relación con los demás.

                     Su posición, en principio, parte de la verticalidad, estemos erguidos de pie o sentados o caminando. Si estuviéramos acostados la posición base sería la horizontalidad.

                     Una primera tarea podría ser la observación de nuestra posición. ¿Nos encontramos en la posición vertical, y  cómo y de qué manera? ¿Todo el cuerpo mantiene esa alineación? ¿Todas las partes? Una observación posterior y consecuente sería ¿Qué sensación, emoción, sentimiento… me suscita esa posición? ¿me siento triste, altivo, resignado, preocupado? Lo sienta o no esos estados se reflejan en la posición y en el movimiento. Lo sienta o no, otros solo con ver esa postura, dirán esta triste o altivo, o etc., aunque no sepan explicar porqué. En principio, la observación corporal de uno mismo es muy difícil, no estamos acostumbrados a ejercerla.

                     En un segundo momento o fase podemos empezar a observar cada parte del cuerpo en esa posición. Primero hacemos una observación global, posteriormente más detallada.

                     La consciencia corporal durante las clases o ejercicios de movimiento es una muy concreta. Pero yo quiero referirme aquí a otra, a la consciencia fuera de esas situaciones oportunas. Quiero referirme a la consciencia en la vida cotidiana, cuando no estamos participando exactamente en esas clases de movimiento. La consciencia cotidiana puede ser una consecuencia de las clases o no. Puede haber consciencia en las clases pero quedarse ahí sin ser llevada  a la vida cotidiana.  Y puede darse en la vida cotidiana sin haberlo aprendido en clases especiales, sino que se ha aprendido en la misma vida.
                   Ser consciente corporal en la vida cotidiana significa sentir como  caminas, te sientas, estás,  y además, ser  consciente  del entono que te rodea y de las personas que hay en él.

                     Ser consciente del propio cuerpo, del propio ser, implica ser consciente del cuerpo de los otros y del espacio que ocupamos y nos interrelaciona. Lógicamente, la consciencia del propio cuerpo nunca puede ser igual  que la consciencia que tengo del cuerpo del otro, del otro ser, de la otra persona corporal.  No, porque los canales perceptivos utilizados son distintos en cada caso. En la percepción del propio cuerpo son fundamentales los canales interoceptivos y propioceptivos, mientras que en la consciencia del otro así como del espacio, se activan los canales exteroceptivos. Y la vivencia es más profunda en el primer supuesto. Le atañe a uno más directamente. La implicación corporal es mayor si se da a niveles propioceptivos que esteroceptivos.

                     En la consciencia corporal propia tanto estando estático, -erguido, sentado, echado también pero quizá menos, como desplazándose, es significativo sentir los apoyos con el suelo, el volumen global del cuerpo, la ubicación de cada parte dentro del conjunto corporal, la tensión muscular global y la tensión de cada zona en particular, así como la  respiración.     

                      Al desplazarse, al caminar, la consciencia ha de estar además, en la forma en que se mueven las distintas partes del cuerpo dentro de la unidad corporal, y hay que dar más importancia al espacio por el que nos desplazamos y que ocupamos, Además, de cómo ese espacio está ocupado por objetos, aparatos y otras personas. Sobre todo en las ciudades donde pueden existir aglomeraciones grandes, en algunas calles comerciales y en los medios de transporte entre los que destaca el metro.

                     En las calles, la consciencia del espacio permite que no nos golpeemos con el mobiliario callejero y sobre todo que no golpeemos o nos metamos en el espacio personal de otras personas, lo que supone una invasión de su kinesfera, de su espacio personal inherente a su propia persona. Se trata de compartir un espacio común, de ambos o de todos, sin perjudicar a los demás. Esto nos exige también percibir el ritmo de los desplazamientos, acomodarnos a ellos, a veces ir más rápido y otras más lento, a veces acelerar y otras, frenar. Es decir, a la consciencia espacial se le suma la consciencia temporal.

                     Cuando además nos desplazamos portando con nosotros otros objetos, que es lo habitual, bolsos, mochilas, carros de compra, maletas, paraguas, u otros objetos más difíciles aún, como por ejemplo, un objeto largo y alargado como un palo, barra,  o similar, la consciencia ha de estar además en el tamaño y espacio que ocupan esos objetos, así como la forma de llevarlos, para evitar y prevenir que con ellos no golpeemos o hagamos daño a otras personas. El objeto que portamos es una prolongación del propio cuerpo.

                      Puede parecer una tontería, o una mínima y básica regla de educación, pero en general se tiene poca consciencia de esto por lo que molestamos a las otras personas que ocupan accidentalmente el mismo espacio que nosotros. Es fácil verlo a diario. Personas que nos atropellan o que atropellamos. Personas que nos empujan o que empujamos. Sobre todo en el metro es muy habitual ver gente con mochilas que se la está metiendo literalmente por las narices a otras personas. Si hay una cierta dificultad en percibir el espacio a nuestro alrededor, la zona más difícil es la espalda. Aquí, la poca consciencia que podamos tener desaparece por completo. Por ello, como apuntaba antes, hay que ser conscientes también de cómo hay que portar los objetos para tener más percepción de ellos, y para colocarlos donde menos podamos molestar a los otros. También la forma de llevarlos, debe ser la que menos molestia nos cause a nosotros, pero los demás deben ser más o tan importantes como nosotros en esto.

                     Desarrollar este tipo de consciencia no significa solamente tener una mínima regla de “urbanidad” o de educación con los otros, significa mucho más, significa que el ego, esté en concordancia con los otros, con los "alter egos".

                     Estos aspectos intentamos desarrollarlos en las clases para aplicarlos posteriormente a la vida cotidiana.

                     La conciencia del otro/s va implícita en la conciencia de si. Lo que nosotros somos se lo debemos en gran medida a los demás. Nuestro ser se forma en relación con los demás. Sin ellos, nosotros nunca hubiéramos sido. Sin embargo esta conciencia parece muy relativa. Parece que nuestro ego ahoga al de los demás. Parece que utilizamos a los demás únicamente para lo que nos conviene. No nos han educado para convivir ni compartir con los demás. Lo queremos todo. Queremos ser más que el otro. Por encima del otro. En contra del otro. A pesar del otro…
                    Nos han educado para competir, no para compartir. Esta es la razón por la que una gran mayoría opina que el ser humano es egoísta "por naturaleza". Se confunde lo natural con lo aprendido. Nos han enseñado y educado para ser más que los demás. Para ser y estar sobre los demás. Nos han enseñado a desconfiar del otro como un enemigo capital. No nos han enseñado ni educado para compartir privilegios y responsabilidades desde que nacemos.

                     Otra realidad es que, o nos han educado en la abundancia o en la carencia. Nunca en la equidad, nunca en el desarrollo del propio yo. O nos han dado lo que no necesitamos o nos han quitado lo necesario. Ambos caminos llevan al mismo puerto. A querer ser más que el otro, a costa del otro, por encima del otro. Porque sencillamente no somos nosotros.

                     Tener consciencia  del propio cuerpo y de los otros va más allá del propio cuerpo. Es ser consciente de uno mismo como persona, como ser único e intransferible. El psiquismo radica en el cuerpo pero no es solo el cuerpo, es distinto al cuerpo. Tampoco es más que el cuerpo. En la consciencia del ser está integrado, ha de estar integrado, la consciencia del cuerpo, del espíritu y del otro.

       “Ruth Nejter –eutonista argentina-.Cuando hablamos de conciencia , de la propia conciencia, no puedo dejar de pensar en la "conciencia comunitaria" en poder abrirnos a una conciencia global que nos involucre para una sociedad mejor. Menos violenta. menos voraz, con una competencia que se oriente a ser mejor y no a tener más.”

                     Cuando se trata de cuidar o acompañar,  a enfermos, ancianos o niños, o trabajar terapéuticamente con otra persona, así como con ejercicios en clase entre parejas, tratamos de desarrollar estos aspectos: consciencia corporal propia, consciencia del movimiento, consciencia del espacio, consciencia del otro/s, consciencia del espacio compartido, consciencia del ritmo de uno y otro. Así como la adaptación al otro, la compartimentación con el otro, sin dejar de ser uno mismo, sin perder la propia identidad. Cuando se trabaja con otra persona (pacientes, enfermos, alumnos, compañeros…) se ha de estar en vinculación profunda con esa persona.

                     La consciencia del otro, la consciencia del espacio, tenerle presente, supone no la autogestión si no la cogestión. Un ser tiene que gestionarse su vida pero teniendo en cuenta la vida del otro, con lo cual hay que compartir, no hay que excluir, esa copartición, coparticipación, implica la cogestión. Gestionar la vida en común, en relación con los otros, adaptación mutua, aceptación mutua. Hay cosas, espacios y aspectos que pertenecen a ambos, aunque también hay otros que pertenecen a uno solo. Aceptación del otro implica por tanto también, que el otro es distinto, que tiene cosas diferentes, que tiene decisiones propias que pertenecen a su vida nada más.

                     Y en esta sociedad en la que vivimos, -y hoy más que nunca-, estamos gestionados, manipulados, engañados, castrados..., por mafias asentadas en los gobiernos. Que quieren que sigamos peleando entre nosotros, a ver quién es el mejor, olvidando que contra quienes tenemos que luchar es contra ellos, contra aquellos que no nos dejan ni SER.
 

domingo, 9 de febrero de 2014

Caminar


Caminar

Caminar erguido, manteniendo la verticalidad,  propio del ser humano, es la consecución de millones de años de la evolución de los organismos vivos. Consecución que va en relación con otras adquisiciones  humanas como la utilización de las manos como herramientas para todo tipo de acciones y la amplitud del cerebro.

Como “ejercicio” la acción de caminar es el más completo. Se pone en marcha todo el entramado corporal anatómico-fisiológico, huesos músculos articulaciones órganos. Un movimiento global de todo el cuerpo en equilibrio y coordinación de unas  zonas con otras.

 Vivenciaremos y analizaremos el papel de cada zona por separado: pies – apoyos – traslado del peso – impulsos- / rodillas / caderas / pelvis / columna / omóplatos – brazos / cabeza / respiración/  Qué es lo que hace y debe hacer cada zona / qué interrelaciones se producen / Qué coordinaciones – qué contra movimientos – / Dé donde nace el movimiento – cómo se transmite – Las sensaciones – percepciones – consciencia – el disfrute –

Un cuerpo es vida – más que fisiología – en él se refleja el estado de ánimo – el estímulo para vivir – la forma como caminamos refleja ese ánimo – la relación con la gravedad – la contención – el tempo… pero la forma en que caminemos puede suscitar y modificar el estado de ánimo

 

viernes, 24 de enero de 2014

Sentir el movimiento - Contenidos módulo 1 - 1ª parte



Alfa Institut – movimiento, expresión, danza, teatro

Formación en  Movimiento Orgánico

Objetivos

Queremos dar un conocimiento profundo del cuerpo en movimiento mediante la vivencia y la experimentación personal.
Un conocimiento que parte de la sensación y de la percepción de todo cuando acontece en el cuerpo en su relación con el movimiento.

En este primer módulo, el objetivo general y principal es:
  • conocer el cuerpo de un modo global, en base a las leyes orgánicas del movimiento, pero sin profundizar demasiado en ellas, cosa que se irá haciendo en los módulos siguientes.
El primer objetivo va a ser:
·        desarrollar la capacidad de sentir y percibir al cuerpo y al movimiento en todas sus múltiples posibilidades, e ir generando una conciencia y una actitud de escucha y de atención respecto a todo ello;
  • Sentir los apoyos del cuerpo en las diversas posturas que pueda ir adoptando: erguidos, echados, sentados…
  • Sentir cómo y dónde recae el peso del cuerpo.
  • Cómo se distribuye o modifica con el movimiento.
  • Visualizar la posición de las distintas partes del cuerpo.
  • Captar y distinguir la energía que hay en ellas.
  • Sentir la respiración.
  • Sentir el volumen corporal.
  • Distinguir el cuerpo del espacio exterior.
  • Percibir el espacio donde se desenvuelve el movimiento y el espacio más allá del movimiento, donde puede proyectarse o donde se dibuja el movimiento de los otros.
  • Una vez que se ha abierto la percepción, tratar de colocar al cuerpo correctamente según las leyes físicas, y
  • Establecer las acciones que hemos de llevar a cabo para ello. Qué fuerzas debemos hacer y dónde. Qué estiramientos. Cómo ha de ser la respiración.

Experimentación, vivencia y conciencia de los movimientos naturales orgánicos, para después realizar los ejercicios controlados de Pilates, con conocimiento de causa, sabiendo el para qué, el cómo, el cuándo, el para quién. Adquiriendo la capacidad  de introducir las variaciones necesarias según a quién vaya dirigido y con qué objetivos.




jueves, 23 de enero de 2014

Vivencia del movimiento - Módulo 1 - Movimiento Orgánico & Pilates



Módulo 1 - Días – 1 y 2 de FEBRERO  de 2014– Vivencia del movimiento.
·        Vivencia, percepción y conciencia del cuerpo y del movimiento en sus diferentes acciones.
·        Tensión y distensión muscular. Contracciones, flexiones, extensiones, rotaciones. Respuestas fisiológicas. Medios para diluir la tensión.
·        Posturas correctas. Análisis de los factores que intervienen en ellas: apoyos, peso, verticalidad, centro de gravedad, ejes, tensión – distensión de las diferentes zonas, musculatura profunda y superficial…
·        La acción de caminar. Vivencia de los factores intervinientes.


El estudio más profundo del movimiento desde el propio movimiento.
Conocerlo es hacerlo.
Obtención del Diploma apto para poder impartir cursos.





Nivel de iniciación:
·         Vivenciar el movimiento en todas sus posibilidades.
·         Aprender a disfrutarlo.
·         Conocerlo, realizándolo, y adquiriendo el propio cuerpo orgánico.
·         Aprender la anatomía desde el movimiento.
·         Adquirir recursos para crear el propio movimiento.
·         Conocer las leyes del Movimiento Orgánico, así como los principios de Pilates, para poder elegir dónde utilizarlos y porqué.
·         Potenciación de los centros energéticos: pélvico y escapular.
·         Colocación de pelvis y columna.
·         Equilibrio entre fuerza y flexibilidad.
·         Apertura de articulaciones.
·         Juego entre la tensión y la distensión.
·         Respiración profunda y regular.