miércoles, 30 de abril de 2014

MOVIMIENTO ORGÁNICO: SALUD Y ARMONIA CORPORAL

MOVIMIENTO ORGÁNICO: BASE DE SALUD Y ARMONÍA CORPORAL
Joaquín Benito Vallejo

El Movimiento Orgánico es aquel que se desenvuelve según las leyes naturales. Es por tanto, el movimiento correcto, sano, fluido, armónico y equilibrado, base a su vez, para que la estructura corporal ‑ huesos, músculos, articulaciones, así como el conjunto de las funciones orgánicas ‑ digestión, circulación, respiración se mantengan en un grado óptimo de salud.
 
Es bien sabido que el movimiento - el "ejercicio" como suele decirse -, es la mejor receta para prevenir y aliviar casi, la mayoría de las enfermedades de nuestra época, producidas por los excesos de comida, de azucares y de grasas, trastornos cardiovasculares, problemas óseos como osteoporosis, cifosis o lumbalgias, el estrés, los disturbios emocionales, etc., etc., etc.

Sin embargo, aunque siempre se recomienda hacer ejercicio, ni se tiene la suficiente consciencia de su necesidad, ni se crean las posibilidades para llevarlo a cabo, ni el ejercicio que se hace es el correcto.

Subrayemos primero que el movimiento o el ejercicio, es tan necesario como la alimentación o el sueño para mantener la salud integral diaria.

Subrayemos después que el movimiento para que sea una actividad beneficiosa, debe ser bien hecho, desarrollándose según las leyes naturales. En caso contrario, o estamos acarreando un perjuicio mayor o no sacamos el beneficio suficiente. Por ejemplo: la gran mayoría de los problemas de la columna vertebral (lumbagos, ciáticas, hernias discales, etc.) están provocados por las malas posturas o los movimientos incorrectos que mantenemos en las actividades cotidianas pero también son provocados por la práctica de determinados deportes, gimnasias o técnicas corporales inadecuadas.

A otro nivel, el movimiento bien hecho es un estímulo para la mente, activa las neuronas, estructura el pensamiento y enriquece la imagen de uno mismo y la autoestima, mientras que los movimientos rutinarios, repetitivos y mecánicos realizados cotidianamente, así como los propuestos por las gimnasias habituales, robotizan e insensibilizan a la persona.
 
La actividad cotidiana en nuestra sociedad se caracteriza por no realizar la cantidad de movimiento necesario para que el cuerpo se mantenga equilibrado en cuanto a peso, azúcar, colesterol, etc., ni para activar suficientemente el conjunto de las funciones corporales ni mentales.

Por otra parte, se haga o no el suficiente ejercicio, el movimiento cae en la rutina. Se hacen siempre los mismos movimientos y se mantienen las mismas posturas durante largos periodos de tiempo. Este hecho, poco a poco llega a producir un desequilibrio de toda la estructura corporal, que se manifestará más concretamente en algunas zonas, como dolencias o fatiga.

Este tipo de movimientos y posturas, - rutinarios, repetitivos y mecánicos - de la vida cotidiana y laboral provocan una tensión excesiva en zonas corporales, grupos musculares y articulaciones, mientras que dejan completamente inactivas otras partes del cuerpo; Unos músculos quedan demasiado contraídos, mientras que otros demasiado pasivos; Unas articulaciones comprimidas predispuestas a la artrosis y otras lasas propicias al esguince; Un desequilibrio de la estructura corporal y de la energía o de la tensión. Estas consecuencias son generadoras de dificultades motrices, tensiones, estrés, desgaste prematuro.
 
La excesiva tirantez o agarrotamiento muscular pueden llegar a provocar la desviación de huesos o vértebras. El hundimiento, por ejemplo, de una vértebra lumbar puede pinzar un nervio produciendo ese agudo dolor conocido como ciática, o en otros casos más benignos el dolor es solo un lumbago. En cualquiera de estos sucesos, el desequilibrio muscular ha producido la inclinación de la pelvis hacia adelante, lo cual conlleva, además de los daños enunciados antes, el mal funcionamiento de los órganos contenidos en ella, fundamentalmente del aparato digestivo. En otros casos, el desequilibrio atañe más al tórax mediante una cifosis, dificultando el funcionamiento de corazón y pulmones.

Estos malestares físicos acarrean otros a nivel psíquico como desgana, preocupación, amargura, depresión…

Por otra parte, los movimientos rutinarios, repetitivos y estereotipados no transmiten ninguna información sensorial al cerebro y nos convierten en seres insensibles y mecánicos.

Estos hechos son interpretados erróneamente por la persona que los sufre, como resultado lógico del paso de los años, de la vejez. Sin embargo son únicamente el resultado lógico de una mala utilización del cuerpo.

La solución a todos estos problemas es la práctica periódica del movimiento adecuado en cuanto a cantidad y calidad, en base a las leyes naturales del movimiento.

El Movimiento Orgánico es un método que se preocupa de restablecer, prevenir y mantener tanto el equilibrio corporal, como la sensibilidad y la estimulación mental, solucionando los problemas enumerados anteriormente.

El Movimiento Orgánico basa su método de trabajo en lo que se considera las leyes naturales del movimiento. Una serie de aspectos que permiten que el movimiento se desarrolle de forma óptima manteniendo lubricados y flexibles las articulaciones, con el máximo ahorro de energía.

Las leyes naturales del movimiento desarrolladas en las clases o sesiones de Movimiento Orgánico pueden sintetizarse en los siguientes puntos:

·         Ajustar el grado de energía o tensión utilizado en cada postura o movimiento para no causar un desgaste excesivo ni fatiga en ninguna zona;
·         Favorecer claramente las fases de distensión, relajación o descanso en cada movimiento;
·         Desbloquear las zonas de tensión para que la energía pueda circular libremente, regar y activar el conjunto del cuerpo;
·         Reequilibrar tanto una zona aislada como el conjunto del cuerpo respecto a la capacidad de contracción y de estiramiento de los músculos agonistas y antagonistas;
·         Dar preponderancia a la acción de los centros energéticos: pelvis - columna - omóplatos;
·         Flexibilizar cada articulación y segmento corporal

El Movimiento Orgánico se propone de tal modo que despierte la sensibilidad y sea un estímulo para las capacidades mentales, generando nuevas conexiones en las neuronas, estructurando la mente, así como buscando una nueva actitud psicofísica: ritmo tranquilo y sosiego en la actividad, sensibilidad y vitalidad y un nuevo hábito postural y de movimiento.

 

Consciencia corporal - consciencia de si mismo – consciencia del espacio - consciencia de los otros

Consciencia corporal - Consciencia de sí mismo – consciencia del espacio - consciencia de los otros– 
Joaquín Benito Vallejo“Educar-nos para la ternura –El tacto y el contacto corporal en las relaciones humanas” Ed. Corona Borealis


Palabras clave

Apoyos – forma - volumen – tensión – colocación – temperatura – respiración – latido – espacio envolvente próximo anterior posterior - objetos – espacio de los otros – del otro – cuerpo del otro – tono – respiración – ego – alter. Eutonía, Mindfulness, Psicomotricidad. Movimiento Orgánico.


Síntesis
La consciencia del propio cuerpo implica la consciencia del espacio, y la de los otros cuerpos de las otras personas que ocupan también el espacio.                      

Al referirse a la consciencia corporal deberíamos centrarnos fundamentalmente en el movimiento y a las tareas relacionadas con él,  ya que es el quehacer más importante del cuerpo y es la función de la que podemos ser más conscientes. Nuestra consciencia del cuerpo, de sus órganos y funciones, es prácticamente nula.





                     

           Así pues, la consciencia del propio cuerpo incluido el movimiento es limitada, muy limitada incluso. Siendo tan solo además, un aspecto de la consciencia de sí mismo. Esto último abarca un campo más amplio que el propio cuerpo, aunque no dejen de estar ligados a él: pensamientos, sentimientos, sensaciones, emociones…, contradicciones, conflictos… 
La consciencia de sí mismo y la consciencia corporal deberían ir ligadas pero a menudo no es así.


                     En cualquier caso, la consciencia corporal implica la consciencia del espacio,  y la consciencia de los otros. Porque nuestro cuerpo ocupa un espacio, y cuando se mueve y se desplaza, un espacio que también está ocupado por los otros, por lo tanto se necesita un mínimo de consciencia del espacio que nos rodea y de las demás personas que viven y habitan ese espacio.


                     Hemos de ser conscientes de que nuestro cuerpo, nuestra psiquis, nuestra personalidad, nuestra supervivencia  meramente animal, pero más aún social depende del medio ambiente en que vivimos, un medio no solo físico, sino social y cultural, creado y alimentado diariamente por las demás personas, que también viven en ese espacio y es compartido por ellos. 
Vivir significa compartir. No podemos vivir sin los demás.


                     La consciencia corporal se lleva a cabo y se desarrolla mediante el movimiento y el tacto fundamentalmente.  
El movimiento es la función más activadora de esa consciencia al transmitir el máximo de informaciones sobre la actividad corporal, muscular, articular, tendinosa, segmentaria, etc. 
Y también sobre el estado anímico y emocional, porque estos se reflejan en el cuerpo.  
Cuerpo y movimiento son la materia y la acción donde se inscriben y se expresan las emociones. 
Estar y sentirse pesado, tenso, inquieto, rayado, liviano, despistado, centrado, eufórico, altivo, arrogante, tímido, cabizbajo, sonámbulo…, son los diversos reflejos de las emociones.


                     Y por otra parte, a través del movimiento tomamos consciencia del espacio, del espacio que ocupamos, -la kinesfera- del espacio que compartimos, del espacio total en que nos movemos.


                     Mediante el movimiento se ejerce un continuo juego de tensiones musculares, a través de las cuales puede despertarse la consciencia no solo de la tensión, sino del volumen, de la temperatura, del espacio interno del cuerpo.


                    Nuestra limitada y relativa consciencia  debe situarse en el conjunto de nuestro cuerpo y en cada una de sus partes ejerciendo su función sobre todo en relación con el movimiento. 
Durante el movimiento las partes activadas son todas, pero de manera diferente. Aunque siempre de manera interrelacionada. 
(Y todo lo que hacemos en la vida diaria es movimiento.)


                     Ser conscientes en cada momento del cuerpo en relación con el movimiento, es estar presentes en nuestro cuerpo, estar presentes en nuestro yo, en nuestro ser
En el aquí y en el ahora. En cada instante.


                     No estar en nuestro ser en cada instante, significa estar perdido, distraído, disperso. 
Es propio de las situaciones de estrés. 
O de enajenamiento y de alguna forma de alienación. 
Estar presente corporal y conscientemente, nos equilibra, nos tranquiliza, nos hace más disponibles hacia uno mismo, hacia los otros, y para la actividad.


                     Estar disponible es estar atento y receptivo hacia lo que uno mismo y los demás necesitan y desean de nosotros. 
Estar disponible significa, tener la capacidad de dar y recibir, de darse. Darse a sí mismo y darse a los demás.


                     Estar presente, ser consciente, es sentir al cuerpo de modo global y unitario, a la vez que en cada una de sus partes en su función, -decíamos antes-.


                     Ser consciente a nivel global es sentir y percibir el cuerpo entero desde los pies a la cabeza, en su posición, en sus apoyos con el suelo, en su acción o movimiento, en su ocupación del espacio, en su relación con los demás.


                     Su posición, en principio, parte de la verticalidad, estemos erguidos de pie o sentados o caminando, la verticalidad de nuestro eje que nos equilibra y sitúa, de nuestra pelvis y columna. Si estuviéramos acostados la posición base sería la horizontalidad.


                     Una primera tarea podría ser la observación de nuestra posición. ¿Nos encontramos en la posición vertical, cómo y de qué manera? ¿Todo el cuerpo mantiene esa alineación? ¿Todas las partes? Una observación posterior y consecuente sería ¿Qué sensación, emoción, sentimiento… me suscita esa posición? ¿me siento triste, altivo, resignado, preocupado? Lo sienta o no, esos estados se reflejan en la posición y en el movimiento. Lo sienta o no, otros solo con ver esa postura, dirán esta triste o altivo, o etc., aunque no sepan explicar porqué. En principio, la observación corporal de uno mismo es muy difícil, no estamos acostumbrados a ejercerla.


                     En un segundo momento o fase podemos empezar a observar cada parte del cuerpo en esa posición. Primero hacemos una observación global, posteriormente más detallada.


                     La consciencia corporal durante las clases o ejercicios de movimiento es una muy concreta. Pero yo quiero referirme aquí a otra, a la consciencia fuera de esas situaciones oportunas. Quiero referirme a la consciencia en la vida cotidiana, cuando no estamos participando exactamente en esas clases de movimiento. La consciencia cotidiana puede ser una consecuencia de las clases o no. Puede haber consciencia en las clases pero quedarse ahí sin ser llevada  a la vida cotidiana.  Y puede darse en la vida cotidiana sin haberlo aprendido en clases especiales, sino que se ha aprendido en la misma vida.
                   Ser consciente corporal en la vida cotidiana significa sentir como  caminas, te sientas, estás,  y además, ser  consciente  del entono que te rodea y de las personas que hay en él.


                     Ser consciente del propio cuerpo, del propio ser, implica ser consciente del cuerpo de los otros y del espacio que ocupamos y nos interrelaciona. Lógicamente, la consciencia del propio cuerpo nunca puede ser igual  que la consciencia que tengo del cuerpo del otro, del otro ser, de la otra persona corporal.  No, porque los canales perceptivos utilizados son distintos en cada caso. En la percepción del propio cuerpo son fundamentales los canales interoceptivos y propioceptivos, mientras que en la consciencia del otro así como del espacio, se activan los canales exteroceptivos. Y la vivencia es más profunda en el primer supuesto. Le atañe a uno más directamente. La implicación corporal es mayor si se da a niveles propioceptivos, que por los canales esteroceptivos.


                     En la consciencia corporal propia tanto estando estático, -erguido, sentado, echado también pero quizá menos-, como desplazándose, es significativo sentir los apoyos con el suelo, el volumen global del cuerpo, la ubicación de cada parte dentro del conjunto corporal, la tensión muscular global y la tensión de cada zona en particular, así como la  respiración.     


                      Al desplazarse, al caminar, la consciencia ha de estar además, en la forma en que se mueven las distintas partes del cuerpo dentro de la unidad corporal, y hay que dar más importancia al espacio por el que nos desplazamos y que ocupamos, -la kinesfera- que va siempre con nosotros acompañándonos, que forma parte de nosotros, el espacio íntimo que nos rodea y nos protege. Además, de cómo ese espacio está ocupado por objetos, aparatos y otras personas. Sobre todo en las ciudades donde pueden existir aglomeraciones grandes, en algunas calles comerciales y en los medios de transporte entre los que destaca el metro.


                     En las calles, la consciencia del espacio permite que no nos golpeemos con el mobiliario callejero y sobre todo que no golpeemos o nos metamos en el espacio personal de otras personas, lo que supone una invasión de su kinesfera, del espacio personal inherente a su propia persona. Se trata de compartir un espacio común, de ambos o de todos, sin perjudicar a los demás. Esto nos exige también percibir el ritmo de los desplazamientos, acomodarnos a ellos, a veces ir más rápido y otras más lento, a veces acelerar y otras, frenar. Es decir, a la consciencia espacial se le suma la consciencia temporal.


                     Cuando además nos desplazamos portando con nosotros otros objetos, que es lo habitual, bolsos, mochilas, carros de compra, maletas, paraguas, u otros objetos más difíciles aún, como por ejemplo, un objeto largo y puntiagudo como un palo, barra,  o similar, la consciencia ha de estar además en el tamaño y espacio que ocupan esos objetos, así como la forma de llevarlos, para evitar y prevenir que con ellos no golpeemos o hagamos daño a otras personas. El objeto que portamos es una prolongación del propio cuerpo.


                      Puede parecer una tontería, o una mínima y básica regla de educación, pero en general se tiene poca consciencia de esto por lo que molestamos a las otras personas que ocupan accidentalmente el mismo espacio que nosotros. Es fácil verlo a diario. Personas que nos atropellan o que atropellamos. Personas que nos empujan o que empujamos. Sobre todo en el metro es muy habitual ver gente con mochilas que se la está metiendo literalmente por las narices a otras personas. Si hay una cierta dificultad en percibir el espacio a nuestro alrededor, la zona más difícil es la espalda. Aquí, la poca consciencia que podamos tener desaparece por completo. Por ello, como apuntaba antes, hay que ser conscientes también de cómo hay que portar los objetos para tener más percepción de ellos, y para colocarlos donde menos podamos molestar a los otros. También la forma de llevarlos, debe ser la que menos molestia nos cause a nosotros, pero los demás deben ser más o tan importantes como nosotros en esto.


                     Desarrollar este tipo de consciencia no significa solamente tener una mínima regla de “urbanidad” o de educación con los otros, significa mucho más, significa que el ego, esté en concordancia con los otros, con los "alter egos".


                     Estos aspectos intentamos desarrollarlos en las clases para aplicarlos posteriormente a la vida cotidiana.


                     La conciencia del otro/s va implícita en la conciencia de sí. Lo que nosotros somos se lo debemos en gran medida a los demás. Nuestro ser se forma en relación con los demás. Sin ellos, nosotros nunca hubiéramos sido. Sin embargo esta conciencia parece muy relativa. Parece que nuestro ego ahoga al de los demás. Parece que utilizamos a los demás únicamente para lo que nos conviene. No nos han educado para convivir ni compartir con los demás. Lo queremos todo. Queremos ser más que el otro. Por encima del otro. En contra del otro. A pesar del otro…

                    Nos han educado para competir, no para compartir. Esta es la razón por la que una gran mayoría opina que el ser humano es egoísta "por naturaleza". Se confunde lo natural con lo aprendido. Nos han enseñado y educado para ser más que los demás. Para ser y estar sobre los demás. Nos han enseñado a desconfiar del otro como un enemigo capital. No nos han enseñado ni educado para compartir privilegios y responsabilidades desde que nacemos.


                     Otra realidad es que, o nos han educado en la abundancia o en la carencia. Nunca en la equidad, nunca en el desarrollo del propio yo. O nos han dado lo que no necesitamos o nos han quitado lo necesario. Ambos caminos llevan al mismo puerto. A querer ser más que el otro, a costa del otro, por encima del otro. Porque sencillamente no somos nosotros.


                     Tener consciencia  del propio cuerpo y de los otros va más allá del propio cuerpo. Es ser consciente de uno mismo como persona, como ser único e intransferible. El psiquismo radica en el cuerpo pero no es solo el cuerpo, es distinto al cuerpo. Tampoco es más que el cuerpo. En la consciencia del ser está integrado, ha de estar integrado, la consciencia del cuerpo, del espíritu y del otro.


       “Ruth Nejter –eutonista argentina-.Cuando hablamos de conciencia, de la propia conciencia, no puedo dejar de pensar en la "conciencia comunitaria" en poder abrirnos a una conciencia global que nos involucre para una sociedad mejor. Menos violenta. menos voraz, con una competencia que se oriente a ser mejor y no a tener más.”


                     Cuando se trata de cuidar o acompañar,  a enfermos, ancianos o niños, o trabajar terapéuticamente con otra persona, así como con ejercicios en clase entre parejas, tratamos de desarrollar estos aspectos: consciencia corporal propia, consciencia del movimiento, consciencia del espacio, consciencia del otro/s, consciencia del espacio compartido, consciencia del ritmo de uno y otro. Así como la adaptación al otro, la compartimentación con el otro, sin dejar de ser uno mismo, sin perder la propia identidad. Cuando se trabaja con otra persona (pacientes, enfermos, alumnos, compañeros…) se ha de estar en vinculación profunda con esa persona.

- Pero no solo en los casos terapéuticos, sino siempre hemos de ver a los demás tan importantes e imprescindibles como uno mismo, donde el Yo y los Otros mantienen un equilibrio-.


                     La consciencia del otro, la consciencia del espacio, tenerle presente, supone no la autogestión sino la cogestión. Un ser tiene que gestionarse su vida pero teniendo en cuenta la vida del otro, con lo cual hay que compartir, no hay que excluir, esa co-participación, implica la co-gestión. Gestionar la vida en común, en relación con los otros, adaptación mutua, aceptación mutua. Hay cosas, espacios y aspectos que pertenecen a ambos, aunque también hay otros que pertenecen a uno solo. Aceptación del otro implica por tanto también, que el otro es distinto, que tiene cosas diferentes, que tiene decisiones propias que pertenecen a su vida nada más.

                     Y en esta sociedad en la que vivimos, -y hoy más que nunca-, estamos gestionados, manipulados, engañados, castrados..., por mafias asentadas en los gobiernos, por psicópatas  políticos y empresarios. Que quieren que sigamos peleando entre nosotros, a ver quién es el mejor, olvidando que contra quienes tenemos que luchar es contra ellos, contra aquellos que no nos dejan ni SER.



sábado, 26 de abril de 2014

La contracción como metáfora.


La contracción como metáfora.
Joaquín Benito Vallejo


Todo el cuerpo está lleno de energía. La energía que se necesita y utiliza para la acción.

Todo el cuerpo está inmerso de músculos. Se pueden localizar aisladamente y entrelazados unos con otros formando un tapiz corporal. Se encuentran internamente tejiendo las vísceras y externamente envolviendo los huesos.

Una acción básica muscular y corporal es la contracción. Mediante ella la energía queda concentrada, en un grupo muscular o en todo el cuerpo. Pero la contracción es –debe ser- una parte o fase de la acción completa. La contracción debe ser la preparación para la acción o el movimiento, donde la segunda fase lógica es la expulsión de esa energía concentrada, convirtiéndose en acción o movimiento.

Pero a veces, muchas veces, no ocurre así. La energía se queda anclada en las vísceras, en los músculos, en todo el cuerpo, sin convertirse en acción. 
Suele suceder por inhibición o represión de emociones diversas, por no expresarse estas. La energía queda entonces reprimida, inexpresada, estancada.

Contracción como retención, como inhibición. Contraerse para no actuar, para no moverse. Para no ser. Reprimir el impulso vital. Por miedo, por castigo, por norma.

En estos casos la contracción corporal se convierte en una metáfora. Es una metáfora –real- del sufrimiento y del dolor.

La contracción así es una retención. La energía retenida acabará quemando, dañando, el cuerpo –y el alma-.

Puede ser y significar una defensa, un acorazamiento. Puede ser un encierro, es un bloqueo, una energía apresada, estancada. Una vitalidad que se vuelve opaca, hermética, impermeable, que no respira. Una expresión congelada. Cerrados para dar y para recibir. Cuerpos endurecidos como piedras para no sentir, para no sufrir. Crispados, cristalizados, vidriosos, sumamente frágiles, que se harán mil pedazos al chocarse, al caerse.

Su energía vital no fluye, ha quedado empantanada, apresada. Cuando el muro se rompa causará estragos. 
La rotura a su vez puede ser, -es- una liberación. 
Una liberación agreste, agresiva, de donde puede nacer un cauce, un fluir, un camino hacia apropiación del ser, hacia la creatividad, hacia la liberación.

domingo, 20 de abril de 2014

LA VERTICALIDAD


LA VERTICALIDAD - Estar de pie
Joaquín Benito Vallejo

En la postura erguida, -la que caracteriza a la especie humana y en la que realizamos la mayor parte de nuestra actividad-, la verticalidad es una de las leyes físicas que ha de cumplir el cuerpo.


Imaginemos el cuerpo como un edificio.

La verticalidad define el mínimo de fuerzas ajustándose a la ley de la gravedad que tira de nosotros desde el centro de la tierra. Ante esa fuerza que tira de nosotros hacia abajo, el cuerpo ha de realizar otra fuerza para mantener el cuerpo erguido. Esta fuerza ha de ser la justa, ni más ni menos. Téngase en cuenta que la verticalidad es la posición donde menor fuerza se hace. En cuento una parte del cuerpo se desvía de la vertical, otra parte y otros músculos han de hacer una fuerza mayor para sostenerla.



Economía de energía / Armonía y equilibrio corporal / Regulación de fuerzas, donde todas las piezas se interrelacionan unas con otras con el menor esfuerzo. Donde unos músculos están más o menos activos para que otros se mantengan mas o menos pasivos. 


La musculatura más activa es la profunda; músculos cortos que unen las vértebras a lo largo de la columna y músculos de las articulaciones sobre todo en el centro: pelvis - omóplatos. 

Sintamos y establezcamos la verticalidad desde los pies a la cabeza.


¿Es fácil? ¿Difícil? Eso va a definir nuestra armonía o desarmonía. Nuestro desequilibrio de fuerzas. Nuestras tensiones y consiguientes dolores que esos desequilibrios acarrean.


El centro del edificio es la pelvis. Desde ella salen dos pilares -piernas- que nos arraigan en el suelo-tierra. Y  desde ella se levanta una columna - torre, con 2 “pasillos” -brazos- hacia el espacio.


La columna-torre está insertada en la pelvis, especie de cajón-cimiento. La columna, suavemente ondulada respecto a un  eje vertical


Los pilares, la columna y las vigas del edificio, que definen la estructura corporal son los huesos. Unidos estos por los músculos, ligamentos móviles, atirantados como cables. Para que la tienda se mantenga bien montada y no la derrumbe el viento, unos cables han de tirar en una dirección y otros en la opuesta. En caso contrario, el edificio, la tienda, el cuerpo, están torcidos, desequilibrados, haciendo miles de fuerzas para poder mantenerse en pie. Generando tensiones –dolores- en las áreas más expuestas como la zona lumbar.


 Pero, además, las diferentes piezas del edificio corporal son móviles. Imaginaos un edificio, con sus pisos, terrazas y azoteas que se mueven por el espacio. ¡Qué maravilla!


Pero, hay más, mucho más, además el edificio camina. Va de calle en calle de ciudad en ciudad… Puede cambiar de lugar constantemente, y a la vez que camina, puede ir moviendo sus diferentes pisos, pasillos y azoteas, por diferentes lugares del espacio y lo puede hacer más rápido o más lento y, y, y, baila y danza. ¡Un edificio que baila! Un edificio vivo. Este es nuestro cuerpo.



Antes de bailar y caminar, volvamos al edificio estático, a la postura corporal erguida, porque esta es otra, el edificio puede estar estático pero en diferentes posiciones respecto al suelo, con diferentes apoyos, se puede poner horizontal, unas partes horizontales, otras inclinadas, dobladas otras más y otras verticales…


 ¿Podemos mantener el cuerpo relajado en su conjunto sin desmadejarse ni caerse? ¿Cómo se gradúa esa energía? ¿Cómo podemos saber si el cuerpo está disponible, alerta, tranquilo, equilibrado?


 ¿Cómo se encuadran en la verticalidad las diferentes piezas interrelacionadas unas con otras, guardando una complementación?


Sintamos los apoyos. Nuestros apoyos son los pies, similares a un trípode con tres puntos de apoyo fundamentales. Pero además, el peso puede oscilar de adelante atrás y de izquierda a derecha. ¿En qué zona o zonas recae el peso del cuerpo? ¿Qué ocurre cuando el peso recae en una zona u otra? ¿Cómo repercute esto en la estructura corporal, en las diferentes partes del cuerpo?

 Vayamos ahora a la parte central del edificio corporal: la pelvis. ¿Está centrada en el eje vertical? ¿Cómo la colocamos? Si la pelvis está descentrada todo se descentra a su vez.


 Y desde ella, la columna ¿cómo se yergue la torre hasta la azotea? ¿Disfruta de suaves ondulaciones? ¿O sufre sus exageradas curvaturas? ¿Zona lumbar demasiado hundida y por lo tanto contraída? ¿Zona dorsal demasiado saliente cargada y pesada?  ¿Cómo las podemos recolocar, alinear, suavizar, enderezar?  



¡Cuántas piezas hay que colocar! Desde los pies a la cabeza, unas proyectándose hacia el centro de la tierra enraizándose en ella, otras proyectándose hacia el cielo elevándose en contra de la gravedad, venciéndola, siguiendo la verticalidad!



(Foto extraída del libro: Cómo dibujar la figura humana de J. Mª Parramón)

jueves, 21 de noviembre de 2013

EL MOVIMIENTO COMO FUENTE DE SALUD



EL MOVIMIENTO COMO FUENTE DE SALUD

Joaquín Benito Vallejo
Libros: Cuerpo en armonía / Cuerpo, mente y comunicación  



LA CORRECTA UTILIZACIÓN DEL CUERPO Y DEL MOVIMIENTO.
OBJETIVOS ESPECIFICOS

Disminución de la tensión


Todas las personas en general, jóvenes y viejas, mantienen en su cuerpo una tensión mayor de la que se necesita para desarrollar las funciones vitales y desempeñar las actividades cotidianas.

Por otra parte, tampoco se conceden periodos de descanso proporcionales al tiempo y a la intensidad del trabajo, ni se realizan otras actividades más ociosas, -deporte, gimnasia, etc.- que ayuden a compensar el desequilibrio corporal que la actividad laboral provoca.

Estos aspectos constituyen los factores fundamentales de lo que denomino: una mala utilización del cuerpo, que trae consigo diversos trastornos anatómicos y orgánicos achacados erróneamente a la vejez.

El exceso de tensión contrae los músculos y agarrota las articulaciones, produciendo a muy corto plazo, una rigidez generalizada, que se irá agravando progresivamente, provocando la pérdida de flexibilidad y aumentando la dificultad para moverse.

El conjunto del cuerpo parecerá un bloque compacto que ha perdido la facultad de utilizar aisladamente los diferentes segmentos corporales y la capacidad de realizar movimientos finos que exigen una cierta precisión y coordinación.

El cuerpo rígido supone una carga mayor, como si su peso fuera superior al real y necesita mayor fuerza para desplazarlo, lo que conduce a sufrir mayor cansancio y fatiga.

A largo plazo producirá un desgaste generalizado y un envejecimiento prematuro. Por un lado, tanto la estructura ósea como las articulaciones soportan una presión superior a su potencia, sufriendo por ello, desviaciones, artrosis y otras patologías. Por otro lado, el corazón, los pulmones y los demás
órganos también han de realizar un esfuerzo mayor para llevar a cabo sus funciones vitales relacionadas con el movimiento.

¿Qué podemos hacer para regular y rebajar la tensión además de aliviar o resolver los trastornos enumerados?

En primer lugar, utilizar la concentración y la relajación propuestas en el capítulo II, con el objetivo, primero, de tomar consciencia de la acumulación de las tensiones y, segundo, para ayudar a diluirlas ablandando progresivamente todo el cuerpo.

En segundo lugar, al realizar un movimiento e incluso en el mantenimiento de la postura, hemos de poner en práctica una serie de principios:

- Todo movimiento debe ser realizado con la mayor suavidad y delicadeza, empleando la menor tensión posible y esmerándose para conseguir que la tensión sea cada vez menor. 
Es lo que llamamos afinar el tono.

- La tensión ha de localizarse en la zona protagonista del movimiento dejando el resto del cuerpo lo más relajado posible.

- En todo movimiento han de verificarse dos fases claras y diferenciadas: una en la que se realiza la fuerza; otra, en la que los músculos activados se distienden. Esta fase de descanso debe ser incluso de mayor duración que la dedicada al trabajo. De esta manera la relajación forma parte de la acción, es su complementaria y su compensación.

 Flexibilización de articulaciones, estiramientos y equilibrio muscular.

Aún utilizando la tensión correcta, la mayor parte de las tareas cotidianas laborales se basan en la flexión de los músculos y el cierre de las articulaciones, por lo que, progresivamente, van quedando acortados los primeros, bloqueadas las segundas y desalineados los huesos. 


Con las flexiones todo el cuerpo en general tiende a encogerse y doblarse, aumentando la rigidez, perdiendo amplitud en los movimientos y autonomía personal, ya que resultará más difícil llegar a todas las partes del cuerpo y desenvolvernos en las tareas cotidianas.

Vamos pues a dedicar una atención especial a compensar estos acortamientos y perturbaciones, no aumentándolos con un mal planteamiento del ejercicio, por carencia de programa o por el afán compulsivo de hacer gimnasia, dicho de otro modo, no se trata de hacer ejercicio sin más, mecánicamente, sino de hacerlo bien. Para hacerlo mal es mejor no hacerlo.

Es fundamental abrir, flexibilizar y desbloquear todas las articulaciones, alargar los músculos y alinear los huesos

Aumentar la amplitud del movimiento significa también aumentar la autonomía y por lo tanto, la autoestima personal y el estado de ánimo. Los estiramientos regulan la tensión y son revitalizadores. 

El sedentarismo, esto es, mantenerse inmóviles sin hacer nada o poco, así como realizar siempre los mismos movimientos rutinarios, va mermando las posibilidades que tiene nuestro cuerpo de moverse. Si el cuerpo no se mantiene activo se atrofia, los músculos y las articulaciones se
anquilosan y se oxidan.

La rutina, por otra parte, tiene efectos similares, puesto que los movimientos son siempre escasos, poco variados y mecánicos, no aportando nuevas informaciones a las células cerebrales, por lo que también éstas van atrofiándose y deteriorándose. La rutina se convierte en hábitos de
movimiento de mera subsistencia y supervivencia.


Aumento de la movilidad, diversificación de los movimientos.


Para que las articulaciones se mantengan flexibles y los músculos elásticos, hay que realizar movimientos variados, explorando todas sus posibilidades de acción. 
No hay que limitarse a realizar diariamente la misma tabla de ejercicios, igual que no aplicamos siempre la misma receta con los mismos ingredientes, cocinada igual y comiendo siempre el mismo plato. En la alimentación tratamos
de variar los ingredientes de una receta, probar nuevos condimentos y salsas, guisar de otra manera.

Eso hace que los platos sean más apetecibles, que los saboreemos mejor, que lo disfrutemos más.
La realización del movimiento debe ser similar. Un estiramiento, aunque esté bien hecho, repetido siempre igual flexibiliza sólo en una dirección y no desarrolla todas las posibilidades de la articulación. 

Hemos de buscar todas las variaciones posibles, respecto a las trayectorias en el espacio, el ritmo y los matices de tensión, para que las articulaciones adquieran su máximo juego de fuerza y flexibilidad, desarrollen mayores recursos de adaptación, las neuronas se sienten estimuladas y se disfrute más del movimiento.

Posturas y movimientos correctos.

El cuerpo, ya esté inmóvil o moviéndose, siempre mantiene una posición: de pie, sentado, echado, etc. Cualquier postura debe ser la correcta, para que el conjunto del cuerpo se mantenga equilibrado sufriendo la menor presión, fatiga y desgaste.

Por otra parte, el cuerpo y sus órganos se alinean en torno a un eje vertical cuya viga maestra es la columna vertebral. En esa verticalidad reside su equilibrio y la optimización de sus funciones. Si permanecemos mucho tiempo sentados o de pie, fuera de la verticalidad, el conjunto del cuerpo se
desequilibra, provocándose con el tiempo, desviaciones de columna como lordosis, cifosis, o escoliosis; artrosis en las articulaciones; tensiones o dolores musculares diversos, dificultándose el funcionamiento natural de los órganos al ser comprimidos o por falta de activación. Por ejemplo, con la cifosis (chepa) el pecho queda comprimido y por lo tanto los órganos contenidos en él -pulmones y corazón-, dificultando la respiración y la circulación.

En la lordosis lumbar (hundimiento excesivo de las vértebras lumbares) la tripa queda caída dificultando las funciones digestivas y excretoras. El desequilibrio afecta también al tono corporal. Unos músculos tienen una excesiva tensión puesto que ejercen funciones que no les corresponde, mientras que otros están lasos, faltos de capacidad, por no ejercer su actividad correspondiente.

Antes de realizar un movimiento hemos de mantener la postura correcta, por el contrario, el movimiento en lugar de reportar un beneficio puede causar un perjuicio mayor.
Salud de la columna.
El centro de la postura y del movimiento es la pelvis. En esta zona están situados los músculos, las articulaciones y los huesos más grandes y esenciales.
Desde la pelvis, el movimiento se transmite a la columna, articulaciones de hombros y omóplatos, cuello y cabeza y hacia el extremo inferior a las articulaciones de las piernas.
El movimiento de la pelvis, correctamente realizado y diversificado, activa, riega, desbloquea y equilibra vértebra a vértebra toda la columna. Potencia la musculatura abdominal y relaja la zona lumbar que suele estar excesivamente contraída y tensa, aliviando y resolviendo los problemas más acuciantes y comunes como los lumbagos y las ciáticas. 
El movimiento desde la pelvis, conduce a un movimiento global del cuerpo en el que se ponen en sincronía las distintas coordinaciones armónicas del conjunto de las partes del cuerpo con el menor desgaste de energía de las articulaciones más finas y periféricas.

Mejora del funcionamiento de los órganos.
Resguardados por la pelvis, columna y tórax, se encuentran los órganos y vísceras del cuerpo Luego, el buen emplazamiento de los primeros, equilibra y favorece a los segundos. Por otro lado, los
movimientos diversificadas de la pelvis activan, movilizan y masajean los órganos, regulando y mejorando sus funciones.

Como ya hemos apuntado, la tensión justa, las posturas correctas y los movimientos variados y equilibrados, optimizan el funcionamiento de todos los órganos. El movimiento es la actividad principal que ejerce el cuerpo. Todos los órganos funcionan en relación con esa actividad. Ellos producen y distribuyen la energía que el movimiento necesita y expulsan las sustancias tóxicas e innecesarias. Si no hay actividad los órganos no tienen razón de ser, se deterioran, se anquilosan, se atrofian. No se puede concebir un cuerpo vivo sin actividad, estar vivo significa estar activo. 
El movimiento fortalece los tejidos musculares, fija el calcio en los huesos, regula el colesterol y los azucares, potencia el corazón y los pulmones, estimula la digestión y el metabolismo. Más sano, aún, que una alimentación adecuada, es practicar diariamente el ejercicio necesario en cuanto a cantidad y calidad. En la medida que se reduce la movilidad por debajo de lo necesario, el cuerpo se deteriora y enferma.

EJERCICIOS
Es recomendable hacer los ejercicios siguiendo las pautas expuestas en el capítulo anterior con
el objetivo de sentir el cuerpo y estimular la actividad de las neuronas. Hagamos los ejercicios muy
lentamente poniendo toda la atención en sentir las zonas que se movilizan; la actividad que realizan las articulaciones, los músculos y los huesos; cómo se modula la tensión; Observemos a la vez el conjunto del cuerpo: qué zonas pueden quedar relajadas; cómo se transmite el movimiento desde su origen a otras zonas...